Día 14

1080 1920 Más Vida

En la dedicación de la casa de Dios en
Jerusalén, el rey Salomón le pedía a Dios que en cualquier momento en el que sus hijos
fijaran sus ojos en esa casa para clamar por
ayuda, Dios respondiera.

Hoy nuestros ojos no están fijos en una casa, ni en las ruinas de algun templo; nuestros ojos están fijos en el autor y consumador de nuestra
fe.

Nuestros ojos están fijos en Jesús, a quien clamamos y de quien obtenemos oportuno socorro.