Día 34 – Jesús la luz del mundo

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JUAN 8:1-20
Reflexión.

El apóstol Juan deja un registro de esta declaración de Jesús, no solamente porque
Jesús lo ha dicho, sino porque el apóstol ha sido testigo de que tal declaración es
verdad.
Es ese testimonio que selló con su propia vida lo que hace al apóstol Juan dejar
registro de esa declaración.
Juan respondería a tal invitación y por el resto de su vida le seguiría. ¿Quieres tú
seguir a Jesús?
Lectura.

Jesús regresó al monte de los Olivos, pero muy temprano a la mañana siguiente,
estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a
enseñarles. Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le
llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron
en medio de la multitud.
«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio.
La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?». Intentaban tenderle una
trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y
escribió con el dedo en el polvo. Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él
se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que
tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.
Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de
más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud.
Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?
—Ni uno, Señor —dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.
Jesús, la luz del mundo
Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me
siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la
vida». Los fariseos respondieron:
—¡Tú haces esas declaraciones acerca de ti mismo! Un testimonio así no es válido.
—Estas afirmaciones sí son válidas, aunque las diga de mí mismo —respondió
Jesús—. Pues sé de dónde vengo y adónde voy, pero eso es algo que ustedes no
saben de mí. Ustedes me juzgan con criterios humanos, pero yo no juzgo a nadie.
Y, si lo hiciera, mi juicio sería correcto en todo sentido, porque no estoy solo. El
Padre, quien me envió, está conmigo. La misma ley de ustedes establece que, si dos
personas concuerdan en algo, su testimonio se acepta como un hecho. Yo soy uno
de los testigos, y mi Padre, quien me envió, es el otro.
—¿Dónde está tu padre? —le preguntaron.
Jesús contestó: —Como ustedes no saben quién soy yo, tampoco saben quién es mi
Padre. Si me conocieran a mí, también conocerían a mi Padre.
Jesús dijo todo esto mientras enseñaba en la parte del templo conocida como la
tesorería, pero no lo arrestaron, porque aún no había llegado su momento.