día 35 – jesús la puerta de las ovejas

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JUAN 10:1-20

Reflexión.

Cuando Jesús hace referencia a sus discípulos y les llama ovejas, no lo hace por las
características de las ovejas, sino por su relación con nosotros como el buen pastor,
el pastor amoroso.

Pero en estos versículos más que como pastor, se refiere a sí mismo como la puerta
por donde entran las ovejas al redil.
Él es la puerta, el camino, la única vía para entrar y salir, pero también representa
protección: Él bloqueará el camino para cualquier cosa que represente una
amenaza para sus ovejas.

Lectura.

»Les digo la verdad, el que trepa por la pared de un redil a escondidas en lugar de
entrar por la puerta ¡con toda seguridad es un ladrón y un bandido! Pero el que entra
por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta, y las ovejas
reconocen la voz del pastor y se le acercan. Él llama a cada una de sus ovejas por su
nombre y las lleva fuera del redil. Una vez reunido su propio rebaño, camina delante
de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz. Nunca seguirán a un
desconocido; al contrario, huirán de él porque no conocen su voz.
Los que oyeron a Jesús usar este ejemplo no entendieron lo que quiso decir,
entonces les dio la explicación: «Les digo la verdad, yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que vinieron antes que yo eran ladrones y bandidos, pero las verdaderas
ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán
salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. El propósito del
ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y
abundante.

»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas. El que
trabaja a sueldo sale corriendo cuando ve que se acerca un lobo; abandona las
ovejas, porque no son suyas y él no es su pastor. Entonces el lobo ataca el rebaño y
lo dispersa. El cuidador contratado sale corriendo porque trabaja solamente por el
dinero y, en realidad, no le importan las ovejas.

»Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,
como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi
vida por las ovejas. Además, tengo otras ovejas que no están en este redil, también
las debo traer. Ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor.
»El Padre me ama, porque sacrifico mi vida para poder tomarla de nuevo. Nadie
puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues
tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla.
Esto es lo que ordenó mi Padre».

Al oírlo decir esas cosas, la gente volvió a dividirse en cuanto a su opinión sobre
Jesús. Algunos decían: «Está loco y endemoniado, ¿para qué escuchar a un hombre
así?». Otros decían: «¡No suena como alguien poseído por un demonio! ¿Acaso un
demonio puede abrir los ojos de los ciegos?».