Walking Fearless

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Hablaba el otro día con mi hijo sobre algo que le ocurrió, y que como resultado de lo que le pasó, estaba asustado o un poco temeroso. Mi primera reacción como padre fue la de querer solucionar el asunto personalmente, arremangarme las mangas de la camisa, salir para hablar con alguien, regañar a un par de personas, ponerme la capa y volverme el justiciero nocturno… bueno, tal vez exageré con esta última.

Después lo pensé por un momento, ¿Puedo arreglar este asunto? Talvez. Pero la realidad es que no siempre estaré ahí para arreglarle las cosas a mi hijo. Es más, como padres no siempre debemos intervenir, porque no estamos permitiendo que nuestros hijos aprendan, crezcan, maduren y se hagan responsables. Cuando se trata de un asunto de trato con otras personas, pagos o reparar algún objeto, a menudo intervenimos cuando nuestros hijos son pequeños. Sin embargo, poco a poco deben hacerlo por ellos mismos; y tratándose de un asunto del corazón, llegué a la conclusión de que en esta ocasión, era de vital importancia enseñarle a tratar con ese asunto personalmente; así que le hablé de como vencer el temor.

Entonces le leí algunos versículos de la Biblia; le mostré como el diablo es un mentiroso y el padre de la mentira. “…, el diablo,… Él ha sido asesino desde el principio y siempre ha odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Juan 8:44 NTV). Le dije que una de las principales armas del enemigo era llenar nuestros corazones de temor. Pero que como cristianos Dios no nos había dado un espíritu de temor. “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina” (2 Timoteo 1:7 NTV). Pero sobre todo, que el amor de Dios en nosotros es lo que ha echado fuera el temor de nuestra vida,  “En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios” (1ª Juan 4:18 NTV).

Finalmente le recordé que su nombre; “Aslan”, significa león. Y le enseñé lo que dice la Biblia: “Los perversos huyen aun cuando nadie los persigue, pero los justos son tan valientes como el león” (Proverbios 28:1 NTV) Últimamente le he dicho: “¿Quién es el valiente?… ¿Quién es el león?… Tú eres el valiente… Tu nombre significa león…”.

Creo que mi hijo aprendió una verdad importante, que espero le sirva por el resto de la vida; pero no es el único que necesita acordarse de estas verdades, cada uno de nosotros, sobre todo al contemplar la incertidumbre del futuro, los posibles cambios o el curso que toman las cosas en nuestro mundo y nuestro alrededor. Necesitamos caminar sin temor, recordando en todo momento que el amor perfecto de Dios en nosotros, ahuyenta cualquier temor que nos oprima el corazón.

Hace poco escuché una canción que dice “//Ya no soy un esclavo del temor, soy un hijo de Dios//” y creo que sería maravilloso que estas palabras se convirtieran en un himno en los labios de todo creyente.

#JulioLoreto